DÍA INTERNACIONAL DE LA PROTECCIÓN DE LA CAPA DE OZONO (16 de Septiembre) – Bivesge
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DÍA INTERNACIONAL DE LA PROTECCIÓN DE LA CAPA DE OZONO (16 de Septiembre)

En 1994, la Asamblea General proclamó el 16 de septiembre Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, para conmemorar el día en que se firmó en Montreal, en 1987, el Protocolo relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono (resolución 49/114 , de 19 de diciembre).

El objetivo principal del Protocolo de Montreal es la protección de la capa de ozono mediante la toma de medidas para controlar la producción total mundial y el consumo de sustancias que la agotan, con el objetivo final de eliminarlas, sobre la base del progreso de los conocimientos científicos e información tecnológica.

Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono

La salud medioambiental del planeta no tiene mucho que celebrar 31 años después de la firma del Protocolo de Montreal, el acuerdo internacional por el que se limitó el empleo de sustancias nocivas para la capa de ozono.

El Protocolo se ratificó el 16 de septiembre de 1987 y en 1994 la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó esta fecha Día Internacional de la preservación de la capa de ozono. Su firma suponía un consenso para proteger a todos los seres vivos mediante un tratado global.

Pero tres décadas después, el cambio climático y la quinta extinción masiva amenazan la supervivencia humana a nivel planetario y afectan gravemente a la capacidad de la tierra para albergar los niveles de biodiversidad actuales en los próximos milenios.

La cuestión no es solo recortar las emisiones de gases causantes del problema, sino crear nuevas formas de reducirlas.

Hay que tener en mente que la destrucción de la capa de ozono, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad son realmente un solo problema con ramificaciones bastante complejas.  

Por ejemplo, sabemos que el ozono se genera desde el oxígeno producido por las plantas, el fitoplancton y las bacterias fotosintéticas. Entre el 50% y el 70% de este oxígeno fotosintético se genera en el océano, pero el plancton está reduciéndose por culpa del incremento de las emisiones de gases provenientes del efecto invernadero.

Perder capacidad fotosintética en el océano también significa perder la capacidad de absorber CO2, agravando aún más el problema. Por tanto, la radiación ultravioleta que la escasez de ozono no podría filtrar mataría las fuentes más importantes de producción de oxígeno, ozono y fijación de carbono.

Una auténtica pescadilla medioambiental que se muerde la cola y que no tiene más solución que cambiar de forma radical la forma en la que interactuamos con nuestro entorno.

Nuestros recursos son finitos, nuestra capacidad de carga medioambiental limitada. La humanidad está a punto de matar a la gallina de los huevos de oro. Es necesario encontrar formas alternativas de hacer, literalmente, todo.

Modificar el ecosistema

Evitar el colapso de los mismos sistemas que generan toda nuestra riqueza requiere no solo ‘no hacer’, esto es, no quemar combustibles fósiles o no producir más CFC’s. También requiere actuar y ‘hacer’ en una forma positiva, como, por ejemplo, crear bosques que almacenen más carbono, usar métodos agrícolas más productivos en términos calóricos y que, a su vez, fijen carbono en el suelo y mantengan biodiversidad, además de un sinfín de cambios a nuestros sistemas de producción.

Que actividades actuales degraden los ecosistemas naturales puede ser una buena noticia: el ser humano es capaz de modificar el ecosistema. Tecnologías innovadoras, diversos conocimientos y técnicas para alimentar el planeta, tanto a nivel energético como nutricional, técnicas de restauración ambiental o formas de agricultura orgánica y sostenible están ya disponibles.

Si no actuamos demasiado tarde, todo es posible. Todavía estamos a tiempo de dirigir y conducir el planeta en la dirección adecuada, mientras que la otra alternativa es no cambiar nada y permanecer sentados en el asiento de pasajeros en posición de emergencia y esperar el choque frontal con los ecosistemas que hoy en día nos mantienen.

Dada la magnitud planetaria de este problema, sin duda, la solución va a necesitar consenso y acuerdos a una escala nunca vista por la especie humana, justo como ocurrió con el Protocolo de Montreal.

Aunque el problema de la capa de ozono no tenga tanta presencia mediática estos días, el Día Internacional del Ozono es más relevante hoy que nunca. Demostremos una vez más que la humanidad puede y tiene la capacidad para discutir, acordar y remediar situaciones medioambientales a nivel internacional, evitando así comprometer el futuro de nuestro pequeño punto azul.

Hay margen para la esperanza, ya que estudios sugieren que sería posible recuperar el agujero de ozono para 2050, aunque podría demorarse fundamentalmente debido a emisiones de CFCs de origen desconocido y la aparición de otras sustancias cuya capacidad de destrucción de ozono se subestimó.

Está bastante claro que la salud de la capa de ozono va a seguir necesitando seguimiento como un paciente crónico. Debemos estar vigilantes, pero estamos claramente en el buen camino.

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